Lesión grave en el fútbol femenino genera preocupación en el partido entre el Llevant UD y el Madrid CFF
Un partido emotivo y convulso en el fútbol femenino, marcado por una lesión preocupante y debates sociales sobre la valoración del deporte.
El pasado fin de semana, el fútbol femenino vivió un momento de gran impacto emocional tras el partido disputado en la Ciudad Deportiva de Buñol entre el Levante UD y el Madrid CFF. En los minutos finales del encuentro, la jugadora Érika sufrió una lesión grave tras caer sola en el campo, lo que provocó alarma tanto en el público presente como en las jugadoras. La gravedad de la lesión evidenció la incertidumbre sobre el estado de salud de la deportista, que fue apoyada por sus compañeras desde la grada, generando un ambiente de preocupación y tristeza.
En cuanto al desarrollo del partido, el técnico del equipo valenciano, Andrés París, realizó cambios en la alineación con la intención de mantener la agresividad tanto en ataque como en defensa. Entre estas modificaciones destacó el regreso a la titularidad de Agama, que desplazó inicialmente a Ari Arias, y la salida de Ana Franco y Rai Carrasco, jugadoras clave en las líneas ofensivas. A pesar de estos ajustes, el encuentro comenzó dominado por el Atlético de Madrid, que marcó temprano en el minuto 7 gracias a un gol de Silvia Lloris tras un saque de esquina. El equipo visitante, sin embargo, mostró un rendimiento decepcionante, dejando muchos espacios y sin aprovechar sus oportunidades, lo que permitió al Levante mantener la esperanza durante la primera parte, aunque sin generar peligro real en la portería rival.
En la segunda parte, el dominio se invirtió, siendo el conjunto local quien tomó las riendas del partido. En los primeros minutos crearon varias ocasiones de peligro, incluyendo tiros al palo y situaciones que podrían haber puesto en ventaja a las valencianas. Sin embargo, la recompensa no llegó, y un disparo de falta de Bascu en el minuto 65 se fue por encima del arco. Las jugadoras del Levante intensificaron su control del juego, utilizando una presión alta y dominando la política del partido, aunque sin concretar su supremacía en goles. La expulsión del entrenador Andrés París en el minuto 70, por protestas, afectó el ritmo del encuentro y la moral del equipo, dificultando aún más la búsqueda del empate.
Aunque las valencianas siguieron luchando con firmeza y corazón, sus intentos no lograron materializarse en puntos. En los minutos finales, la frustración impregnó el ambiente, con jugadoras esforzándose al máximo ante la imposibilidad de revertir el marcador. La tensión se evidenció en las conversaciones con la afición y en la frustración de las propias deportistas, que demostraron su compromiso y espíritu de lucha hasta el último instante.
Esta situación también despertó reflexiones sociales, como la de una niña que expresó su rechazo al fútbol femenino calificándolo como un deporte solo para «xicas». La respuesta de su madre, que le recordó que también puede ser un «xic», refleja las percepciones y prejuicios aún presentes en distintos sectores de la sociedad, evidenciando la necesidad de fomentar una mayor valoración y respeto hacia el deporte femenino. La derrota, unida a la gravedad de la lesión y a estas reflexiones sociales, deja un sabor amargo, pero también un llamado a seguir luchando por el reconocimiento y la igualdad en el deporte.