Los errores no forzados en el Breogán, clave en la derrota ante UCAM Murcia
El análisis del último partido del Río Breogán revela cómo los errores no forzados influyeron decisivamente en la derrota frente a UCAM Murcia.
El análisis del reciente partido del Río Breogán muestra que los errores no forzados de su equipo fueron determinantes en la derrota frente a UCAM Murcia. Según declaraciones del entrenador Luis Casimiro, la diferencia estuvo en las pérdidas de balón, que en el partido alcanzaron un total de 18, superando claramente la media habitual de la plantilla esta temporada. En 43 partidos anteriores bajo su dirección, el equipo había promediado aproximadamente 4,58 puntos en contra por pérdidas, cifra que se vio superada esta vez, ya que las pérdidas generaron 15 puntos para el adversario, más del triple del promedio habitual, siendo además un récord en los 14 meses que Casimiro lleva en el banquillo.
Este partido evidenció además que las pérdidas no solo impactan en el marcador, sino que en algunos casos no producen ninguna consecuencia negativa, aunque en otros pueden ser muy perjudiciales. Anteriormente, el equipo celeste había tenido picos de hasta 10 puntos en contra tras pérdidas en partidos en los que recibió muy pocos puntos en contraataque, como frente a Manresa o Tenerife, donde las pérdidas generaron solo 6 y 2 puntos en contra, respectivamente. Sin embargo, el partido contra Murcia fue una excepción marcada por su gran incidencia en el marcador.
Es importante señalar que, en términos estadísticos, Breogán mantiene un nivel competitivo en cuanto a pérdidas de balón, con un promedio cercano a 12,8 por encuentro, situándose en el octavo puesto de la Liga Endesa. Este dato sitúa al equipo entre los que menos pérdidas cometen en la competición, en línea con otros conjuntos de perfil similar, como La Laguna Tenerife, Gran Canaria, Barcelona o Real Madrid, que también presentan bajos promedios en este aspecto. Por el contrario, equipos como Casademont Zaragoza, Manresa o Hiopos Lleida lideran en pérdidas por partido, con cifras que superan los 15,8 en algunos casos.
En definitiva, aunque las pérdidas de balón no son necesariamente un problema estructural para el equipo, el reciente partido deja en evidencia la necesidad de reducir errores no forzados para evitar que una tendencia puntual se convierta en un patrón que afecte negativamente los resultados. El análisis de este episodio refuerza la importancia de la precisión en la gestión del balón y la concentración, aspectos en los que el equipo deberá trabajar para mejorar su rendimiento en futuros encuentros.